| Kiko espera el tren en Mumbai más chulo que un ocho. ¡No sabe lo qué le espera!... |
Un viaje a la India no sería un genuino viaje a la India sin un viajecito de 20 horas en uno de sus legendarios trenes. Las vías ferroviarias son auténticas arterias vitales que vertebran la comunicaciones del país, y en donde se da cita la más variopinta fauna del variopinto universo indio.
| En cada estación sube y baja gente buscándose la vida... Aquí un vendedor de samosas corriendo ante el famélico requerimiento de David |
| El glotón: lo probó todo. |
Vendedores ambulantes de calzoncillos, golosinas, comida, carteras, pañuelos, viajeros que viajan a ninguna parte, buscavidas, músicos, peregrinos... y algún que otro guiri... (como dos insconscientes que quieren hacer una película)
| Sí, dos inconscientes... Este corre la voz por todo el vagón, ¡cotilla! |
| Kiko regateando una sábanas de Kachemira para su madre (¡qué iluso!). |
La gente se apretuja unos encima de los otros, los empujones por el estrecho pasillo son constantes y no pasa nada. Nadie se enfada, la vida sigue, cada uno a su rollo.
Por la noche echan las literas y que duerma quien pueda, el follón es continuo, así, que tras un viaje agotador llegamos a Bangalore sin haber pegado ojo, pero igual de contestos que estos indios locos.
Para locos melancólicos estos músicos que nos acompañaron un trecho durante la mañana.
Nada malo podía pasarnos...
| Krisna viajaba con nosotros. |
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